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sábado, 31 de marzo de 2012

Necesitamos aprender a "Escuchar"


Escuchemos a los demás
Vivimos comunicados y hablamos todo el tiempo, pero ¿cuántas veces escuchamos realmente?

Por Julio Bevione

Cuando recibí el correo electrónico de Laura, una maestra de 42 años, en el que me agradecía la conversación que habíamos tenido por más de dos horas en casa de una amiga en común, recordé que yo no había hablado mucho en realidad, sino que la había escuchado con atención todo el tiempo y me había interesado en sus historias.

Al leer las palabras de Laura pude sentir su gratitud sincera por haber sido escuchada, una necesidad básica de los seres humanos que prácticamente hemos relegado al olvido. La tecnología nos ha permitido estar conectados con personas en todo el mundo, pero ha entorpecido la comunicación más importante: la que tenemos de manera directa con quienes nos rodean.

Laura me contó que se comunica con sus amigas por Facebook; con su familia, mediante mensajes de texto, y que a menudo revisa el buzón de e-mail en su celular. Sin embargo, más que una forma de socializar, ser escuchados es una necesidad. Al ser escuchados, nos sentimos valorados, aceptados y queridos, porque cuando alguien nos escucha con atención, nos hace saber que nos aprecia. Muchas parejas cuya relación parecía condenada al fracaso lograron retomar la comunicación al darse cuenta de que lo único que necesitaban era escucharse mejor.

Por eso, si queremos que nuestras relaciones funcionen —en el hogar, el trabajo y en la vida en general—, escuchar debe ser nuestra prioridad. He aquí cómo aprender a hacerlo:

Formar el hábito. No estamos acostumbrados a escuchar porque no lo hacemos a menudo, pero, como todo hábito, es cuestión de ejercitarlo, y poco a poco se facilitará. Empiece hoy mismo, con cualquier persona.
En vez de pensar en lo que va a decir mientras habla, concéntrese en sus palabras y emociones. Ponga toda su atención en la persona y olvídese de usted en esos momentos.

Mantener la actitud. La otra persona no percibirá su atención sólo porque guarde silencio mientras habla; necesita también ver en su actitud que le interesa recibir su mensaje. Por eso, dele señales claras de que está atento a través de sus gestos, de una postura receptiva y, sobre todo, con la mirada. Nuestros oídos escuchan, pero es a través de los ojos como nos conectamos.

Formular preguntas. Una vez que la persona haya hablado, hágale preguntas para estar seguro de que entendió bien sus palabras. Esto no sólo aclara la comunicación, sino que infunde confianza a la otra persona para expresar lo que piensa.

Tener equilibrio emocional. Si toma como una alusión personal todo lo que escucha, creará una barrera y quizá las emociones le ganen. Si la otra persona habla de usted, piense que es sólo su percepción. Puede expresar desacuerdo sin tener que alterarse. No siempre el que calla otorga. A veces guardar silencio es sensato, y nos acerca más a la otra persona.

Abstenerse de críticas. Hacer juicios negativos sobre lo que la otra persona dice sólo la cohibirá. Para tener una charla íntima necesitamos sentir confianza, pero ésta se pierde cuando hay descalificaciones.

Evitar las distracciones. El celular o cualquier otro aparato portátil que suene puede cortar de tajo la comunicación. Así que tenga las manos libres mientras conversa.

¿Solés pasar por alto alguno de estos consejos cuando hablás con alguien: estás atento al celular, solés descalificar al otro, o te cuesta mantener la atención en la charla?


Una caricia a nuestro corazón


Omega 3: un aliado para proteger el corazón
Conocé los beneficios de los suplementos de este ácido graso.

Por Selecciones.com

Los ácidos grasos Omega 3 aparecieron en el radar de muchos hace poco tiempo. Sin embargo, hace muchos años que fueron descubiertos. Fue en la década del ´70 cuando al estudiar la dieta de los esquimales, diversos científicos advirtieron que la baja incidencia de enfermedades cardiovasculares que presentaba este grupo estaba estrechamente relacionado con su dieta, muy rica en grasa animal marina que contiene una gran cantidad de omega 3.

En ese momento se empezó a tomar conciencia sobre la importancia de este tipo de lípido, considerado grasa saludable, que es esencial para el organismo pues mejora la salud cardiovascular, disminuye el número de arritmias y muerte súbita.

Entre los alimentos fuente, los que más alta proporción tienen son los pescados llamados azules, es decir los de aguas frías y profundas, como el atún, el salmón, la caballa, el arenque, las sardinas, las anchoas, la trucha marina, la anguila, el congrio, los mejillones y las ostras. También existen fuentes de Omega 3 vegetal pero estos tienen una menor cantidad. Entre estas se cuentan el aceite de soja o canola, las semillas de lino, las semillas de chía y las frutas secas. 

Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre en los países que se encuentran en Europa y más aún en los que costean el mediterráneo, el pescado no suele estar entre los alimentos preferidos de los argentinos. Entonces, existe la posibilidad de incorporar Omega 3 mediante suplementos (cápsulas) hechas a base de aceites de pescado. 

Debido a los múltiples beneficios que generan este tipo de alimentos deberíamos aumentar el consumo de omega 3 y disminuir el de grasas saturadas y colesterol, que por el contrario son perjudiciales para nuestro organismo. 

Además de la protección del sistema cardiovascular, el Omega 3 posee propiedades antitrombóticas, mejora la función endotelial, disminuye el nivel de triglicéridos en sangre y el del colesterol LDL o “malo”, al mismo tiempo que aumentan el colesterol HDL o “bueno”. También poseen propiedades antiinflamatorias, ayudan a mejorar el sistema inmunológico, y favorecen el desarrollo mental y visual. 

En relación con qué cantidad de Omega 3 consumir, se aconseja a aquellas personas que no tuvieron nunca un evento cardiovascular, ingerir pescado dos veces por semana o una cápsula de 1 gramo diario de Omega 3 a base de aceite de pescado. En quienes sí hayan tenido algún problema, se demostró que comer pescado cuatro veces por semana contribuye a mejorar la salud cardiovascular. Con esta medida también se benefician las personas diabéticas y las que atraviesan procesos inflamatorios, como por ejemplo psoriasis, asma o artritis reumatoidea.