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miércoles, 1 de mayo de 2013
"Los Mártires de Chicago"- Historia del 1° de Mayo. ¡Muy felíz día a quienes colaboramos para forjar un gran país!
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sábado, 26 de febrero de 2011
Viví más y mejor controlando la ira
Sugerencias prácticas
*Si desean controlar la ira, deben buscar ayuda en el Poder Supremo, a quien llamamos Dios. Hubo una época en la cual me agarraban continuamente ataques de ira. Mi temperamento explotaba por cualquier pequeñez. Hacía todo lo que podía para no perder la calma, pero ésta me duraba sólo dos o tres días. De repente la ira volvía a atacar y yo explotaba de furia ante hechos que no tenían significancia alguna.
Luego me arrepentía y me ponía a llorar. Esto continuó hasta que expuse mi problema ante mi maestro. Él me dijo: “¿Por qué no dejas de lado tu orgullosa convicción de que, sin ayuda de nadie, puedes anular tu karma? Ve ante Dios, busca su ayuda. Verás que lo imposible puede ser posible.”
¡Lo puse en práctica y funcionó! Intenten hacer esta prueba y verán que funcionará. Repitan continuamente esta plegaria con el corazón.
*Eviten la ocasión. En el momento en que se encuentren en una situación que pueda causarles ira, tomen otro camino y aléjense.
A Julio César, dictador de Roma, le llevaron papeles en los cuales uno de sus enemigos lo había menospreciado.
Dijo: “Si leo esos papeles me enfureceré innecesariamente.
A ese hombre no le haré daño, sino que seguramente me haré daño a mí mismo de ese modo.”
Ordenó quemar los papeles. ¡Eso es evitar ocasiones!
A Julio César, dictador de Roma, le llevaron papeles en los cuales uno de sus enemigos lo había menospreciado.
Dijo: “Si leo esos papeles me enfureceré innecesariamente.
A ese hombre no le haré daño, sino que seguramente me haré daño a mí mismo de ese modo.”
Ordenó quemar los papeles. ¡Eso es evitar ocasiones!
*Evitar la prisa. Es la madre de la ira; y el odio es el padre. Nunca hagan nada apresuradamente, eviten el trabajo excesivo, encaren sus trabajos tranquilamente, con amor y benevolencia. El trabajo en exceso, algunas veces conduce a la ira.
*En cuanto sientan que la ira se aproxima, mantengan la boca cerrada y los labios sellados.
Una mujer había llegado ante un viejo sabio quejándose:
-En cuanto se produce una discusión, mi esposo me golpea.
Luego el viejo pidió una botella de agua y le dijo:
-La bendeciré y te la daré.
-¿En qué momento debo darle de beber esta agua a mi esposo?-preguntó la mujer.
-El agua no es para su esposo-exclamó el sabio. En cuanto vea que se ha iniciado una discusión, tome un sorbo de agua de esta botella y manténgala en su boca.
Haciendo esto, no dará lugar a que de su boca salgan palabras de discusión y, por ende, a su marido no le vendrán ganas de golpearla.
La mayoría de nuestros problemas se resolverían si sólo mantuviésemos nuestras bocas cerradas. Tratamos de explicar las cosas y, durante el proceso, las complicamos.
Mantengan la boca cerrada. De ese modo, intenten observar el silencio al menos dos horas por día. Una vez que adquieran el gusto por el silencio, no desearán hablar, a menos que haya una gran necesidad de hacerlo.
Mantengan la boca cerrada; y, cuando la abran, hablen suavemente, con amor y benevolencia.
Una mujer había llegado ante un viejo sabio quejándose:
-En cuanto se produce una discusión, mi esposo me golpea.
Luego el viejo pidió una botella de agua y le dijo:
-La bendeciré y te la daré.
-¿En qué momento debo darle de beber esta agua a mi esposo?-preguntó la mujer.
-El agua no es para su esposo-exclamó el sabio. En cuanto vea que se ha iniciado una discusión, tome un sorbo de agua de esta botella y manténgala en su boca.
Haciendo esto, no dará lugar a que de su boca salgan palabras de discusión y, por ende, a su marido no le vendrán ganas de golpearla.
La mayoría de nuestros problemas se resolverían si sólo mantuviésemos nuestras bocas cerradas. Tratamos de explicar las cosas y, durante el proceso, las complicamos.
Mantengan la boca cerrada. De ese modo, intenten observar el silencio al menos dos horas por día. Una vez que adquieran el gusto por el silencio, no desearán hablar, a menos que haya una gran necesidad de hacerlo.
Mantengan la boca cerrada; y, cuando la abran, hablen suavemente, con amor y benevolencia.
Perteneciente al libro “Elimine la ira antes de que la ira te elimine a ti” de Vaswani
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domingo, 20 de febrero de 2011
El enojo: ¿Es bueno o malo?
14.12.2010 | Psicología. Clarín
Expresar el malestar o la ira puede tener sus beneficios, si uno sabe limitarlo y encausarlo. Por qué es importante aceptar lo que sentimos y cómo usarlo a nuestro favor.
La palabra enojo significa: “en odio”, o “en ira”, y se refiere a una vivencia que irrumpe contra lo que se supone su causa (una persona o un hecho), con las ganas de eliminarla.
Puede ser una emoción o un sentimiento.
1- Como emoción es expresión espontánea y abrupta (sin pensar)
2- Como sentimiento, se le da un significado o un sentido, y se responde con alguna estrategia pensada.
En ambos casos se manifiesta ante situaciones que se viven la injustas, u opresivas, y ante la sensación de frustraciones de deseos, ilusiones o necesidades que no se pueden cumplir.
Cuando acontece “inunda” nuestras conductas y son alteradas, y cuando alguien se enoja con nosotros nos produce como mínimo una sensación de temor, que en algunos casos nos paraliza, en otros nos impulsa a una respuesta también enojosa, y en otras, las mejores, a un espacio que puede abrirse a la reflexión y el trabajo para resolver la causa del mismo.
Si lo analizo desde la primera (una emoción) digo que es más propia de los animales que reaccionan primariamente ante aquello que sienten como obstáculo, privación o amenaza para sus intereses vitales, y su respuesta es automática.
Si reflexiono desde el segundo (un sentimiento) es porque nosotros los humanos poseemos el cerebro superior o neocortex, y atravesamos las emociones con los significados y las convertimos en sentimientos.
Es posible que a veces en circunstancias extremas no hagamos este proceso, quizás a ello se refieran los abogados cuando dicen que alguien actuó por emoción violenta, sin embargo es lo menos habitual, en general cuando las personas nos enojamos lo hacemos desde los sentimientos.
Los que nos dedicamos a las relaciones de ayuda, en nuestro caso desde el Counseling, estamos en permanente contacto con esta vivencia y sus expresiones.
Los consultantes muchas veces vienen enojados consigo mismos o con alguien afectivamente ligados a ellos, y el hecho de que estén en procesos de ayuda favorece su trabajo en tanto se generan espacios de reflexión y resolución, y diría más, bienvenidos esos enojos porque abren el juego al trabajo profundo con la persona afectada. En tratamientos de pareja es lo más habitual, diría inevitable en tanto se confrontan modos de ver la relación que si han pedido ayuda es porque lo están viviendo en idiomas preceptúales diferentes, o porque una de las partes esta enojada por algo que el otro u otra, dice, siente o percibe, que le ha hecho. Algo similar pasa en el trabajo con familias, y en ambos casos es la puerta de entrada a la resolución de una u otra manera del conflicto por el cual se consulta.
El tema pasa por aquellos que no consultan, es por ello importante hacer prevención en el sentido de informar que es una vivencia normal y hasta adecuada si se tramita y aprovecha hacia la reflexión compartida, y es inadecuada y “enfermante” si se la deja libre sea en la expresión irascible y violenta (sea verbal o física), o si se la reprime.
Es por ello que si nos empeñamos solo en juzgar sin escuchar empáticamente al otro no es posible resolver ni la situación o conducta que nos produce enojo, ni acompañar productivamente el enojo del otro desde la comprensión de la justicia de su vivencia.
Esto no refiere a aprobar cualquier cosa que haga otro que nos implica, sino a que por lo menos intentar ponerse en su lugar aceptando su experiencia interna, aunque luego nuestra acción sea reprobar lo que ha hecho o manifiesta.
Del enojo solo se sale aceptándolo, empatizando con uno mismo o con la persona enojada, tomándolo como experiencia válida, reflexionando a partir de allí y buscando eliminar su causa.
Por ello preguntarse si el enojarse es bueno o malo no tiene una respuesta única, en principio es inevitable que nos enojemos, y es bueno que nos contactemos con esa vivencia, es malo que la neguemos porque nos trabara se constituirá en resentimiento y nos enfermara y/o enfermaremos al otro.
Es bueno que luego del contacto nos demos y demos el permiso de reflexionar, elaborar, comprender y hacernos comprender, haciendo de ese hecho desagradable la posibilidad de un dialogo abierto consigo mismo y con los implicados un oportunidad de enriquecer las relaciones.
Se que no es fácil, por eso muchas veces es adecuado consultar a un Counselor para que nos ayude a resolverlo favorablemente.
Lic. Andrés Sánchez Bodas, Creador del Counseling en Argentina, Director de la Primer Escuela Argentina de Counseling
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