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martes, 24 de mayo de 2011

"Hoy no puedo"

Mayo de 2011, Noticias y Protagonistas.com
Reportajes

“Hoy no puedo…”
Esta frase hubiera resultado impronunciable para un abuelo/a del siglo pasado -ojo, terminó hace apenas una década-, e inentendible para su hijo/a ante el pedido de que se quedara a cuidar a los nietos/as. Los adultos mayores tienen y merecen vivir sus vidas con toda intensidad.

No se trata, en modo alguno, de tomar distancia de ese vínculo excepcional que se da entre esas generaciones, sino de acomodarlas a una nueva realidad indicadora de que ya no es la “única” actividad que les queda a quienes atravesaron la barrera de los 60 años. Porque precisamente de eso se trata: los 60, los 70, y aún más, ya no son barreras que ponen límite a la actividad humana. Hoy a esas edades se está activo, ágil, cuidado, alerta a nuevas oportunidades, tecnologías y expectativas.

Hoy la niñez a veces parece que no lo fuera, por el grado de agresividad a la que demasiadas veces está expuesta, empezando por la televisiva. La adolescencia ha extendido su durabilidad, lo que se refleja en matrimonios tardíos, como alguna vez se pretendió en conferencias internacionales que planteaban su necesidad para controlar el crecimiento demográfico. Ese corrimiento desplaza también a la adultez, que no se asocia ya indefectiblemente a los 20 y a veces ni a los 30. Y la “tercera edad” se ha vuelto un término obsoleto y mucho más viejo de lo que alguna vez quiso decir. El doctor Ricardo Iacub, especialista en el tema, conversó con Noticias & Protagonistas sobre el punto.
N&P: El cambio que se viene operando es muy fuerte, ¿verdad?

Ricardo Iacub: Sí, se parece al que nos llevó hace poco a hablar del concepto de “género”. Estamos saliendo de aquella sociedad limitante, donde “los niños debían actuar como niños y los viejos como viejos”; eso es rechazado por el sujeto posmoderno. Hoy se siente más libre, quiere más desafíos. Mairovich, un filósofo norteamericano, dice que entramos en la sociedad “uni age”, una sola edad, en la que todos vivimos como adultos jóvenes, como alguna vez empezamos a manejar el concepto de “unisex” para la indumentaria, diluyendo diferencias.
N&P: ¿Puede entonces tomarse como un efecto emancipador?

RI: De alguna manera sí, es un impulso social liberador porque la gente siente que tiene más posibilidades de abrirse a otros objetivos, a escapar de controles. Hay cosas que nuestros abuelos ni siquiera pensaban como chance, y que hoy, si se les restringe, pasa a ser percibido como represión de la sociedad.
N&P: Hubo una época en que el candidato radical Eduardo Angeloz hablaba de traer japoneses jubilados a la Argentina para aprovechar su alto nivel de ingresos. En EEUU hay un mercado muy importante para la “tercera edad”.

RI: Sí; más allá de algunos discursos un poco delirantes que replican los medios, la realidad es que hay un tránsito social diferente, mucho más permisivo, que se conjuga con el efecto tecnológico capaz de ofrecer desde uso de Internet a cirugías plásticas o prácticas corporales que llevan a revalorizar el cuerpo al punto que cuesta pensar hoy en quién es “viejo”. Mi área es la gerontología, y yo veo a diario el rediseño de la imagen del adulto mayor. En la ropa, en los hábitos, en los cuerpos que están más trabajados, caminan más erguidos, son más delgados, sus rostros más tersos. Algunos casos son difíciles de determinar respecto de la verdadera edad.
N&P: Es que cada vez hay más gente mayor de 50 o 60 años en los gimnasios. Hay otra conciencia, que se traslada a la indumentaria: hoy un jean no es vestimenta exclusivamente “joven”.

RI: Mar del Plata se parece a Buenos Aires: uno ve los gimnasios a la mañana o al mediodía y están llenos de adultos mayores. La gente es consciente de que no tiene que descuidarse. Antes no se preocupaban por el aspecto, pero ahora se miran a sí mismos al punto de que hasta encontramos anorexia en esa franja de edades porque no quieren engordar. Se sienten vigentes, hay intereses afectivos, sexuales, ya no se sienten en edad de pasar a cuarteles de invierno.
N&P: Ahí es donde aparece el negocio del Viagra…

RI: Y los viajes, y las salidas, cosas antes vedadas para aquellos que se resignaban a cierta quietud hasta que llegara el final. Hoy la vida es más larga, más intensa, con más futuro. En Mar del Plata hay muchos programas universitarios, viajes, ofertas impactantes que los hacen sentir jóvenes para encarar un estilo de vida diferente
N&P: ¿Dónde queda la “abuelidad”, perdonando el barbarismo?

RI: Es un tema interesantísimo, porque trae conflictos. El papel se redimensiona. Ese era un lugar de tiempo completo; los hijos antes deseaban liberarse… pero no les gusta la liberación de los padres. Les llama la atención, no entienden que tienen otra cosa que hacer que no sea cuidar a los nietos. Ser abuelo es algo que se disfruta, pero no tiene por qué limitar sus otras actividades, esas en las que antes ni se pensaba. Hoy los abuelos tienen la agenda completa, tanto como los jóvenes. Atenazarlos con los nietos como si no hubiera nada más, es obligarlos a suspender derechos personales.
N&P: Cualquier persona con emociones sanas se sentirá contento con la llegada de los nietos, pero sigue teniendo una vida propia que no tiene por qué descuidar…

RI: En España se habla del síndrome del “abuelo-esclavo”. Esto acarreaba problemas cardíacos, depresiones, en especial a las abuelas, que si se negaban a estar todo el día atrapadas en esa red, parecían “malas abuelas”. Pero hoy el mundo es otro, lo que no significa abandonar a los nietos. A los adultos mayores les cambió el estilo de vida, las posibilidades de disfrute. Eso genera algunos conflictos donde antes no los había porque se daba por sentado un rol más fijo, limitante. Es una transición muy interesante.

N&P: Hasta los ´90, lo estudiado entre el colegio secundario y la universidad era todo el saber de la vida. Hoy ya no. Internet abrió otras puertas al saber y a la comunicación.

RI: Tal cual, ya no hay profesionales “para toda la vida”. El trabajo se volvió más dinámico, exige actualizaciones, la formación profesional de base no alcanza. La sociedad es más dinámica, de servicios, menos industrialista, y de ahí el auge de los posgrados. Esto incluye a los adultos mayores, que encuentran otro incentivo fuerte. Antes eran más conservadores, creían que lo aprendido era un techo; hoy no es así. Fue  un choque para ellos, pero supieron adaptarse, comprenden la necesidad de la actualización para no quedar afuera de la cultura del día a día.
N&P: Se habla de enfermedades degenerativas como el Alzheimer, pero por otro lado, si nos imagináramos al cerebro como un músculo, tendría hoy nuevas e importantes posibilidades de desarrollarse, cualquiera sea la edad.

RI: Es que el cerebro se recrea permanentemente, hace nuevas conexiones neuronales. Hay investigaciones que demuestran que buscar en Internet ayuda mucho a la memoria, da mayor capacidad cognitiva porque enlaza nuevos conceptos. Antes los adultos se paralizaban, en los geriátricos perdían toda chance, se socializaban menos, se alejaban de este mundo de oportunidades que combina actividad social, recuperación de emociones, gimnasia y tecnología. De hecho, los niveles de incapacidad en los últimos años han bajado sensiblemente, lo que habla de una vejez mucho más saludable.
N&P: Si un abuelo hoy no tiene tiempo, eso no lo descalifica…

RI: Para nada, demuestra que está más vivo que nunca.
Cuando una sociedad le da tanto valor a todo lo que se ligue a la juventud, las ganas de seguir proyectando en la vejez no terminan de valorarse. Es imprescindible romper estos viejos moldes, porque hoy está probado que están dadas las condiciones para tener una vida muy activa a edades en las que antes se consideraban estructuralmente pasivas.

Incorporar nuevos esquemas técnicos como los sistemas puede resultar más sencillo para algunas edades respecto de otras, pero eso no lo hace imposible. Sólo exige más tiempo y adecuación a un ritmo más lento. Estudios comparativos en adultos mayores y jóvenes demuestran que estos tienen diferencias a favor en un primer momento, pero que esas ventajas van disminuyendo con el ejercicio, el entrenamiento, y la pérdida del temor inicial.

“La felicidad o el bienestar no tiene que ver con tener 20 años y medidas perfectas, sino por otras cuestiones: a veces, por haber palpado ciertas pérdidas y salir adelante o el saber que se tienen tantos años, hace que uno se tome la vida más en serio, se la disfrute más”, explicaba el Dr. Iacub quien, además prepara el Congreso Internacional de Psicología de la Vejez en nuestra ciudad para el mes de noviembre.

Tanto la sociedad como la ciencia han redescubierto las posibilidades para esta etapa de la vida que antes se asociaba a la enfermedad, al deterioro, al duelo, hasta que “se empezó a notar que los viejos no están tan enfermos como se suponía, que tener algún problema físico no significaba que la vida era un desastre o un dolor permanente, hay mucho de estereotipo en eso”, ratificó. Es más, a caballo de las nuevas ofertas educativas, culturales, de viajes, etc., “mantienen un rol activo y lo pasan maravillosamente bien haciendo pintura, teatro, gimnasia, baile, estudio. Mil cosas”.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) destaca que el envejecimiento de la población es la “historia del éxito de las políticas de salud pública”, pese a que en algunos lugares se los sigue encasillando en imágenes hoy obsoletas.

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