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viernes, 7 de junio de 2013

Los mandamientos de "El principito". de Antoine de Saint Exúpery



"Quiero dedicar este libro al niño que una vez fue esa persona mayor. Todas las personas mayores han sido primero niños. Pero son pocas las que lo recuerdan". Hay un vínculo entre el país de Nunca jamás y Asteroide B 612, entre El Principito creado por Antoine de Saint-Exupéry y Peter Pan. La inocencia de la infancia reside en el mundo literario compartido por ambos personajes. Atrincherados en su universo, congelaron el tiempo para evitar que la experiencia les corrompiera. El Principito salió de su mundo en busca de aventura y en cada planeta se topó con una lindeza del alma humana. No se levantó del pupitre, sino que aprendió la lección y se la recitó al mundo.
El librito es un catálogo de moralejas. Pero en su credo no hay castigos, purgas, prohibiciones ni negaciones. Sus mandamientos hablan 180 lenguas diferentes, los siguen niños y adultos, no creyentes y hombres de fe. Imperecedero, se puede leer ayer, hoy y mañana. Su enseñanza es simple y a la vez encierra toda la complejidad del mundo, del ser humano como universal.

1.- "Solo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible para los ojos". Es su primer mandamiento. Lo valioso no se mide ni se toca. Tampoco se paga con dinero. Una lección muy aplicable a la situación de crisis actual en la que la avaricia ha sepultado los principios importantes.

2.- Su segundo principio apuesta por saber valorar la simplicidad de las cosas. "Las personas mayores no son capaces de comprender las cosas por sí mismas. Es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones", dice en el libro.

3.- El héroe literario cree que "uno es para siempre responsable de lo que domestica", que el roce hace el cariño, valora el valor de la amistad, de la responsabilidad y del compromiso. "Yo no te necesito, tú tampoco tienes necesidad de mí, pero si me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo", le dijo a su amigo el zorro.

4.- El personaje cree que es importante conocer las propias limitaciones y que "se le debe pedir a cada uno lo que está a su alcance realizar". En su decálogo de enseñanzas también anima a hacer ejercicio de autocrítica. "Es mucho más difícil juzgarse a sí mismo que juzgar a los otros. Si consigues juzgarte rectamente es que eres un sabio".

5.- Hablando de su flor, la rosa que abandonó en su planeta antes de partir, el Principito señalaba: "Debí haberla juzgado por sus actos y no por sus palabras, me perfumaba y me iluminaba, ni debí haber huido jamás". Debí haber adivinado su ternura, detrás de sus pobres astucias. ¡Las flores son tan contradictorias! Pero yo era demasiado joven para saber amarla". En su sexto mandamiento al final el principito reconoce el valor de la experiencia.
6.- Además de valorar la amistad y la complicidad, el personaje también tiene su interpretación relativa. "Amor no es mirarse el uno al otro , sino mirar los dos en la misma dirección", dice. En la era del Iphone, en el que muchas parejas se miran y no se ven, el Principito apuesta por remar en la misma dirección, hablar y comunicar.

7.- En su periplo el héroe literario ya percibió el olor a podrido de las finanzas. "Conozco un planeta en el que vive un señor muy colorado. Nunca ha olido una flor. Nunca ha contemplado una estrella. Nunca ha amado a nadie. Nunca ha hecho otra cosa que sumas. Se pasa el día diciendo: 'Soy un hombre serio, soy un hombre serio', lo que le hace hincharse de orgullo. ¡Pero eso no es un hombre, es un hongo!", dice el relato literario.

8.- Un mandamiento enlaza con el otro y al niño eterno le molesta que se valore a la gente por lo que tiene y no por lo que es. Dice que "a los mayores les gustan las cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo jamás preguntan lo esencial del mismo. Nunca preguntan: '¿Qué tono tiene su voz? ¿Qué juegos prefiere? ¿Le gusta coleccionar mariposas? Pero en cambio preguntan ¿Qué edad tiene? ¿Cuanto pesa? ¿Cuanto gana su padre? Solamente con esos detalles creen conocerte'.

9.- En su encuentro con el hombre de negocios, el Principito le pregunta al avaro qué hace con todas las estrellas que posee. - "Nada, solo las poseo", le responde el financiero. - "Y ¿para qué te sirve poseer las estrellas?", le dice el héroe ficticio. - "Me sirve para ser mas rico". Para comprar más estrellas si alguien las encuentra". - Pero "¿Cómo se pueden poseer las estrellas?".

10.- Última moraleja: todas nuestras acciones tienen consecuencias. "Nada en el universo sigue siendo igual si en alguna parte, no se sabe dónde, un cordero que no conocemos ha comido, o no, a una rosa...". Todo lo que sucede al otro lado del mundo, de una u otra manera, nos acaba afectando.

sábado, 20 de abril de 2013

Administra tu Libertad


Hoy, como todos los días, disfruto de escuchar la voz de Dios a través de una buena lectura y de la reflexión. Es más, el jueves, compré algún material de lectura y junto a ellos, descubrí una especie de agenda que decía: ”Hablando con Dios” que trae en su interior, hojas en blanco donde en un extremo está preparado para colocar algún pedido y en el otro, la respuesta a ese pedido que dirigimos a Dios. Debajo, un lugar privilegiado para las reflexiones y me fascinó porque desde hace muchos años que hago esto de escribir algún pedido o pensamiento que dejo en una linda cajita y a lo largo de los días, suelo revisar esos pedido y aquel que fue respondido, lo coloco en otra cajita donde dice: “Gracias Dios” y siempre reflexiono acerca de ello, me lleva a ver mis progresos aunque muchas veces veo mis lamentables retrasos y derrotas; lo cual es bueno porque eso mismo es lo que me impulsa a los cambios.

En fin, ahora tengo el cuaderno, es como más bonito aunque mis cajitas también lo son… y junto a esto recordé alguna de los tantos anhelos de Dios para mí y es que Dios “me rodea de gritos de liberación”, gritos que llegan a mí a través de la lectura y de la contemplación pero también a través de seres amados que me aman.

Liberación, esa es la clave… porque estamos llamados a “romper nuestras cadenas”; cadenas que muchas veces creamos nosotros mismos… Somos llamados a ser libres y dignos.

Recordé también un poema de autor anónimo que dice:
“Escogemos cómo hemos de vivir.
Valientemente o en cobardía.
Honradamente o deshonestamente.
Con propósito o a la deriva.
Decidimos lo que es importante
Y lo que es trivial en la vida.
Decidimos que lo que hace que seamos importantes
Es lo que realizamos o nos negamos a realizar.
NOSOTROS DECIDIMOS:
NOSOTROS ESCOGEMOS.
Y, al decidir, al escoger,
Nuestras vidas son formadas”.

Necesitamos comprender la verdadera fuerza de voluntad. El gran poder que nos gobierna: el poder de decidir o elegir. Por eso, es necesario que “eduquemos la fuerza de la voluntad”. Esa es nuestra responsabilidad porque la vida es elección.

Y es fundamental no negarnos este que es un don divino porque de lo contrario, terminaremos siendo “esclavos de las circunstancias o de las decisiones de otros. Y nos convertimos en “nada”, todo lo contrario a lo que Dios planeó para nosotros.

Jamás dejemos de reflexionar en nuestros caminos porque será la reflexión la que nos ayudará a optar y a mantenernos libres de confusiones que nos impidan decidir bien.

Decidir es vivir! Nacimos como seres libres porque fuimos creados libres; que nada ni nadie nos quite ese privilegio a tal punto de que nuestra muerte nos encuentre como esclavos!
No abandonemos nunca nuestra capacidad de elegir!

Liliana Moreno Ahualli
20.04.2013

jueves, 6 de diciembre de 2012

Principios para darle una buena educación a tus hijos


Gestiópolis, novieembre de 2012

Cómo educar a los niños es la pregunta más difícil de responder cuando somos padres por primera vez. El alimento y la salud que son también nuestras obligaciones, no generan tanta incertidumbre pues son realidades tangibles que podemos monitorear y suplir con menor dificultad y generalmente con poca o ninguna formación profesional.


Por el contrario, educar a los niños es un reto que nos exige capacitarnos permanentemente si queremos ver resultados satisfactorios a largo plazo, no para nuestro beneficio, sino para el de ellos en el futuro mediato. 

Lamentablemente, esta sociedad no nos forma para estos fines y las recomendaciones y ayudas aparecen generalmente cuando ya hay poco que hacer: al leer la noticia de jóvenes que se han dedicado a la delincuencia, al observar actitudes contraproducentes en los jóvenes que se inician en el mercado laboral, en la falta de disciplina y orden en los nuevos profesionales, en estos momentos todo mundo opina y pretende enderezar la rama del árbol que creció torcida.

Elementos principales de la educación de los hijos
En base a nuestra experiencia, hemos observado los siguientes puntos como ampliamente aceptados e imprescindibles al momento de formarnos y transferir conocimiento a los niños:

1. Formación en la fe. Insisto sobre el tema de la fe, y esto debido a que es la zapata de una vida sana y productiva. Es ésta la que da fuerzas en los momentos difíciles y el sentimiento de gratitud cuando nos llega la bonanza. La fe alimenta nuestros sueños y es la base de la autoestima y esto porque una fe firme nos permite creer en nosotros, en los demás y en aquello que está por encima de todos y sobre lo que no tenemos control alguno.

2. Formación en la responsabilidad. Ser responsable es saber responder y es indudable que las respuestas adecuadas traen los resultados convenientes. La responsabilidad es la actitud que debemos tomar ante las situaciones positivas y negativas de la vida. Cuando traemos los hijos al mundo, nos hacemos responsables de sus vidas al menos hasta la mayoría de edad. Es imprescindible enseñar a los niños y adolescentes sobre el valor de la responsabilidad en el logro de sus metas inmediatas y futuras.

3. Formación en el amor. Amarse a sí mismo, amar a los demás, amar lo que hacemos, amar nuestros sueños. Enseñar el afecto es más que un mandato. Nuestra sociedad está llena de gente que no sabe sonreír, abrazar, besar, acariciar. Gente que no sabe el sabor de la felicidad. Formamos ingenieros que construyen grandes puentes, doctores que practican cirugías de vida o muerte, abogados con el don de la palabra, pero olvidamos formar el amor que es, junto a la fe, el fundamento de una vida plena y realmente desprendida de las cosas materiales.

4. Formación en administración. No es sólo formación financiera, es enseñar a administrar los recursos limitados: el tiempo, el espacio, el dinero, el agua, los alimentos, etc.
Nuestros hijos deben hacerse conscientes de que vivimos en un mundo limitado y que todo se agota, es inevitable, no podemos hacer otra cosa que administrar los bienes para producir lo mínimo, generar lo suficiente y asegurar lo necesario.

Esta es quizás la formación menos común porque esta sociedad de consumo mira sólo nuestros bolsillos y busca por todos los medios consumir lo que hay en ellos. Nosotros, por nuestra parte, nos dejamos llevar de este vicio y lo transmitimos a los niños creando la falsa idea de que lo que hemos gastado hoy estará disponible mañana sin esfuerzo ni planificación.

Los recursos deben ser producidos al menos al mínimo imprescindible, por lo tanto no van a llegar a nuestra butaca caídos del cielo, debemos hacernos conscientes de lo que necesitamos para una vida digna y planificar cómo vamos a llegar a conseguir esta meta y por último debemos proyectar hacia el futuro los medios que asegurarán una mejor condición para ellos y nosotros.

Este tema es realmente apasionante y estoy seguro que volveré a él desde otra perspectiva, mientras tanto creo que hay suficiente material para incentivar a la opinión, el debate y sobre todo a la acción. Nuestros hijos son nuestra responsabilidad, no son responsabilidad directa del estado, ni de la iglesia. Nosotros los trajimos al mundo sin su permiso, nos toca dar lo mejor de nosotros para compensar este maravilloso regalo de la vida.


Juan Dionicio Tavárez Soriano - juandtavarezsarrobagmail.com
Egresado del ISEAD. Seguridad Desarrollo y Tecnología (SEDETEC, EIRL).

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“No hay camino para la paz, la paz es el camino”
Mahatma Gandhi
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