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jueves, 7 de junio de 2012

Envejecimiento activo y saludable

En todo el mundo, la proporción de personas mayores crece más rápidamente que cualquier otro grupo de edad. La esperanza de vida aumenta, llegando actualmente en nuestro país a los 80 años más o menos, lo que significa el envejecimiento global de la población española.

Para un envejecimiento positivo, la sociedad debe proporcionar a los mayores oportunidades para ser independientes, para gozar de buena salud y para ser productivos.

El envejecimiento de la sociedad puede considerarse por un lado un avance y por otro, un gran desafío, pues supone una mayor exigencia social y económica. De todas maneras, lo más importante, el verdadero reto del aumento de la esperanza de vida es la calidad de vida de los mayores, que les va a permitir mantener la actividad y la independencia: cómo vivir los años “extra” y cómo disfrutarlos.

La mayoría de las personas se adapta a los cambios que conlleva el envejecimiento y siguen siendo independientes incluso ya muy mayores. Hasta un 80% de las personas con 70 años mantiene una forma física y mental aceptables que les permite llevar su vida diaria con plena normalidad.

A pesar de ello, la sociedad en general sigue relacionando la vejez y los mayores con la enfermedad, la dependencia y la falta de productividad, en muchas ocasiones haciendo caso omiso de su experiencia y su sabiduría. 

Dr. Sergio García Vicente , especialista en Medicina Familiar y Comunitaria.


Para un envejecimiento positivo, la sociedad debe proporcionar a los mayores oportunidades para ser independientes, para gozar de buena salud y para ser productivos.

jueves, 24 de marzo de 2011

Hacia una nueva edad

Sara Cañizal Sardón

Cada vez son más las personas que a punto de alcanzar los sesenta empiezan a estudiar una carrera, a aprender a pintar o a hablar un nuevo idioma. Son la tercera edad, una generación que no tuvo ocasión de seguir su vocación y que ahora dedica su tiempo a desarrollar sus aptitudes y hacer realidad lo que un día soñaron.

Hace solo dos décadas primaba el tópico de que cuando una persona acababa su etapa productiva dejaba de ser útil para la sociedad. Sin embargo, los mayores de hoy son conscientes de que jubilarse del trabajo no es despedirse de la vida. En vez de quedarse aparcados en un rincón, se preocupan por mantenerse en forma, quieren aprender cosas nuevas y participan de forma activa en su entorno más cercano.

 El sociólogo Santiago Cambero explica este fenómeno: “Está apareciendo un nuevo perfil de persona mayor totalmente integrada en la sociedad actual que sigue contribuyendo en favor del bienestar general”. Cambero destaca el papel de los abuelos canguro. “Si se pudiera cuantificar económicamente lo que el Estado del Bienestar y los poderes y administraciones públicas se están ahorrando en cuanto a los cuidados que los abuelos y abuelas están ofreciendo a sus nietos, serían millones de euros”.

La drástica modificación de la estructura demográfica en Occidente es la responsable de estos cambios. Europa envejece a gran velocidad y, dentro de ella, España es uno de los países que mejor ejemplifican esta transformación. Si a principios del siglo XX la esperanza de vida no llegaba a los 35, hoy supera los 80. Frente a ello, el número de nacimientos ha caído de forma considerable.

Los responsables de esta situación son los avances médicos y farmacológicos y la mejor calidad de vida de la población. Dos aspectos positivos que, en vez de interpretarse como conquistas han dado pie a lanzar pronósticos agoreros y a hablar de la decadencia de Occidente.

Sin embargo, algunos expertos comienzan a ver esta nueva realidad como la oportunidad de equilibrar la estructura social e infundir nuevos aires al sistema productivo occidental si se encauza de forma adecuada.
El reciente artículo de Julio Pérez Díaz, sociólogo y demógrafo del CSIC apunta en esta dirección. “El envejecimiento demográfico guarda una correlación casi perfecta con los niveles de riqueza y bienestar internacionales, y no con la pobreza”, afirma. Esto se debe a la mayor eficacia del sistema. Por primera vez en la historia es posible disminuir la fecundidad, ya que los avances sanitarios permiten que los hijos sobrevivan hasta edades fértiles. Las mujeres pueden desarrollar una vida profesional, al margen de la familiar, ya que el cuidado de los hijos ya no es su ocupación principal. Además, se ha ampliado de forma considerable el tiempo que las personas pueden ser productivas. Sin embargo, el principal problema del envejecimiento de la población es que el número de personas en edad laboral se reduce. En consecuencia, el número de pensionistas aumenta y eso supone un mayor gasto social.

Para que el envejecimiento de la población tenga una repercusión positiva a nivel económico y social es necesario que se produzcan algunos cambios en el sistema laboral, encaminados a beneficiarse por más tiempo de los talentos de los más mayores. Así lo manifiesta el último informe de la European Science Foundation, que apunta a la necesidad de estudiar las modificaciones que deben introducirse en el sistema sanitario, las pensiones y la edad de jubilación.

Según los expertos, la edad biológica ya no es significativa a la hora de clasificar a los mayores. Hay gente que disfruta de sus plenas cualidades físicas y mentales entre los 65 y los 85 años y que puede ser un eslabón importante en la sociedad. Nadie ha tenido que explicarle esto a los mayores. Para ellos envejecer no es sinónimo de caducar. Es una etapa más de la vida para la que nadie está preparado pero que hay que asumir e intentar encauzar de forma positiva. Mantenerse activos asegura que continúen integrados en la sociedad, que tengan una vida más saludable y satisfactoria a nivel personal. Como afirmó la doctora Marie Beynon Ray: “Nadie envejece por vivir, sino por perder interés en vivir”.